El árbol de Navidad es uno de los elementos decorativos más típicos y largamente difundidos de la Navidad. Consiste en un árbol, idealmente un pino, abeto u otra especie perennifolia, decorado con luces, adornos y figuras de distinto tipo. Junto al pesebre o belén, y a la figura de San Nicolás o Papá Noel, el árbol de Navidad es uno de los iconos centrales de esta festividad en Occidente. Lo usual es que haya uno en cada hogar y en cada entorno laboral, como un símbolo de la llegada de las fiestas. Además, a sus pies suelen depositarse los obsequios de Navidad y a su alrededor se suelen realizar encuentros o celebraciones familiares.
El origen del árbol de Navidad se remonta al siglo VIII en Alemania, cuando Bonifacio taló un roble dedicado a Thor en la región de Hesse y, tras leer el Evangelio, ofreció un abeto, un árbol de paz que representaba la vida eterna, adornándolo con manzanas y velas.
A partir de entonces, se empezaron a talar abetos durante la Navidad para adornar las casas. Pero las ciudades de Tallin en Estonia y Riga en Letonia se disputan el primer encendido del árbol navideño, es decir, en medio de una plaza alrededor de 1510.
El árbol de Navidad simboliza la esperanza y la vida de cara al final del ciclo anual, lo cual en el mundo cristiano coincide con el nacimiento del mesías, Jesús de Nazaret.
Hay quienes afirman que su decoración remite a las manzanas del árbol del Jardín del Edén, recordando a los cristianos el mito bíblico sobre la tentación y el origen del pecado, o que su brillo remite a la estrella de Belén, ubicada en ocasiones en lo alto del árbol.
