A la crussial batalla de Las Navas de Tolosa (1212) conste que van partissipá los reys Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragó y Sancho VII de Navarra pero cap “rey de Cataluña“.
¿Se va pedre pel camí?
¿Tos preguntéu cóm se enteníen estos tres reys entre ells?
¿Directamen en lo seu romans, o féen aná traductós de aragonés, ocsitá, navarro y castellá?
https://es.wikipedia.org/wiki/Fuero_General_de_Navarra 1238
http://revistadefilologiaespañola.revistas.csic.es/index.php/rfe/article/viewFile/780/905
¿Por qué unos fueros escritos en lengua romance?
http://www.zarrakaztelu.eus/romance-navarro/
https://es.wikipedia.org/wiki/Fueros_de_Arag%C3%B3n 1247
Los Fueros de Aragón. Una versión romance de mediados del siglo XIII
Ficha de la Batalla de las Navas de Tolosa
Antecedentes Históricos de la Batalla de Las Navas de Tolosa
Los Musulmanes Invaden España
Los musulmanes, las tropas de Alá, mantuvieron 780
años de presencia activa en nuestra
Península Ibérica. Primero llegaron
los Omeya de
Damasco y se creó el Emirato dependiente de
Damasco. Era el año 711,
pero en el 756, la tremenda masacre producida por
los Omeyas sobre
los Abasidas de Bagdad, provocó
que el
Príncipe de
los errantes, el gran Abderramán I llegara al-Ándalus y se creara el Emirato Independiente. Del Emirato, pasaríamos con Abderramán III al
Califato de
Córdoba.
En 1211,el almohade Muhammad Al-Nasir, llamado por
los cristianos “El Miramamolin”, preparó un gran ejército amenazando a
los reinos cristianos. Ambicionaba ocupar completamente la
Península Ibérica.
El califa logró reunir un ejército de 125.000 soldados bien pertrechados y muy fanatizados. La caída de Salvatierra en manos de
los Almohades, alarmó a
toda Europa.
El Papa Inocencio III Convoca Santa Cruzada
Los Cruzados Salen de Toledo
Alfonso, forzado por la necesidad de estos cruzados para la alianza
cristiana, hizo la vista gorda por el bien de la empresa.
Días más tarde llegaron a la
fortaleza de Calatrava, aquella
que habían perdido
los Templarios. En esta ocasión
Alfonso llegó a tiempo de negociar con
los musulmanes y le permitió salir a cambio de
no combatir. Esto fue la gota
que colmó el vaso y
los cruzados tramontanos decidieron abandonar la
cruzada y marcharse,
los hispanos nos quedamos solos ante el poder almohade.
La deserción de
los cruzados
extranjeros fue importante para la moral del ejército
cristiano, la sombra de Alarcos se le apareció otra vez a
Alfonso VIII. Aproximadamente se marcharon un
27 % del total, quedando constituido finalmente, el ejército
cristiano, por unos 60.000 hombres. Afortunadamente, al ejército
cristiano se incorporó el gran
Pedro II de
Aragón, el gran amigo de
Alfonso VIII.
Aragón aportó a la empresa, unos 3.000
caballeros y unos 2.000 soldados.
Los reyes cristianos decidieron continuar y combatir.
Al-Nasir esperaba tranquilamente en la estribaciones de
Sierra Morena, con fuerzas preparadas para la emboscada en
los peligrosos pasos de Despeñaperros. Esperaba
que los cruzados se cansaran por el duro caminar por la
sierra.
El milagro de Pastor o de San Isidro Labrador
Entonces, dice la
leyenda, se produjo el
milagro.
San Isidro Labrador o un humilde
pastor se apareció a las tropas cristianas y les dijo
que él conocía un
paso. El avanzado de don Diego López de Haro comprobó
que el
paso existía y
que el
pastor no les había engañado. Se dieron las indicaciones oportunas a
los reyes y las tropas se dirigieron hacia el
paso descubierto. Para entonces ya se había incorporado
Sancho VII el
rey de
Navarra con 200
caballeros y unos 2.000 peones. El
paso les condujo hacia un lugar llamado la
Mesa del
Rey, donde se estableció el campamento
cristiano.
Al-Nasir al
comprobar que los cristianos habían pasado
los pasos serranos, dio la
orden de formar a
su ejército. Al-Nasir mandó algunas vanguardias de jinetes y arqueros para provocarles y cansarles aún más.
El 15 de
julio de
1212,
los dos ejércitos estaban frente a frente. Fueron 24 horas de tensión e incertidumbre, se estaban midiendo las fuerzas del adversario mediante pequeña avanzadillas. En la madrugada del 16 de
julio las tropas están dispuestas para el combate.
En esa madrugada
los cristianos se prepararon para
vencer o
morir. Al amanecer se dio la comunión a las tropas cristianas,
los soldados encomendaron
su alma al
cielo y se prepararon para la
batalla. Se iban a enfrentar
dos ideologías totalmente diferentes, la
Espada contra el Alfanje y la Cruz contra la Media
Luna.
Despliegue de los Ejércitos en de Las Navas de Tolosa
Los Cristianos
En el ejército
cristiano, unos 70.000 hombres divididos en 3 Cuerpos .
Los Almohades
Los 120.000
musulmanes instalaron
su campamento en el Cerro de
los Olivares o de las Viñas con un despliegue clásico de la época. La infantería al frente y la caballería ligera en
los flancos.
En segunda línea el gran grupo de fuerzas almohade. En esta segunda línea estaba constituida por tropas de voluntarios, posiblemente eran tropas procedentes del imperio almohade, procedían del Magreb, también había andalusíes. En tercera línea, las mejores tropas, era el
cuerpo de élite almohade.
En Tercera línea, en la retaguardia la caballería pesada guardando la inmensa tienda de campaña del califa al-Nasir. Era una tienda roja, vistosa,
no se ocultaba a nadie. Estaba rodeada de fortificaciones y de la terrible
Guardia Negra. Esta
guardia eran hombres absolutamente fanáticos, hombres dispuestos a
morir por el islam, por el califa al-Nasir. Esta
guardia personal estaba constituida por
los imesebelen, una tropa escogida especialmente por
su bravura que se enterraban en el suelo o se anclaban con cadenas para mostrar
que no iban a huir.
Comienza la Batalla de Las Navas de Tolosa
Después de una larga operación de lanzamientos de
flechas, “la clásica preparación artillera de la época”, atacó la caballería pesada
castellana.
El abanderado de
castilla, el vizcaíno López de Haro, atacó frontalmente con miles de jinetes . El choque fue absolutamente brutal, y el golpe hizo daño en la vanguardia almohade. Esta operación obligó a un primero movimiento de retirada de las vanguardias musulmanas;
pero más tarde
los infantes
musulmanes desorganizaban el ataque de la caballería y descabalgaban a
los jinetes
castellanos.
Los alfanjes degollaban a
los cristianos, entonces al-Nasir ordenó el contraataque con el grueso del ejército
musulmán lo que obligó a retroceder a
los Cristianos .
La segunda línea con la caballería ligera almohade, equipada con
arcos y alfanjes, atacó con gran eficiencia produciendo un gran desgaste a las tropas de López de Haro. La segunda línea
cristiana se adelantó y entró en combate para suplir las abundantes bajas sufridas. La
situación fue crítica para
los cristianos, muchos se retiraron, exceptuando López de Haro,
su hijo, Núñez de Lara y las órdenes militares,
que se mantienen heroicamente en combate cerrado.
La Carga de los Tres Reyes
Los cristianos rebasaron la segunda y la tercera línea almohade. Una acción heroica de
sancho VII de
Navarra, provocó
que las tropas navarras se presentaran delante de la majestuosa tienda roja de campaña de al-Nasir para aplastar a la
guardia personal del
Miramamolin.El Califa sólo tuvo tiempo para huir junto con un grupo de
leales. La
guardia negra se había quedado para defender la tienda.
Los hombres de
Sancho fueron matando uno a uno a
los miembros de la
guardia y rompieron las cadenas
que circundaban la tienda. Esta cadenas pasarían posteriormente a se la parte fundamental del
escudo de
Navarra.
Miles de hombres cayeron,
pero finalmente la
victoria se decantó del lado
cristiano. El Califa Miramamolín escapó huyendo a
toda prisa una vez perdida ya la
batalla. Esa noche se refugió en Baeza.
Y qué fue de los comandantes de los ejércitos
El Pendón de la Batalla de Las Navas de Tolosa
Los Im-Esebelen
La
guardia pretoriana del Al-Nasir “El Miramamolín”,
no eran esclavos negros encadenados para evitar
su huida. Eran fanáticos voluntarios, llamados “imesebelen” (desposados /esposados?/), juramentados para ofrecer sus vidas en
defensa del Islam. Se ataban por las rodillas con cadenas para
que el enemigo viera
que vencerían o morirían;
pero que nunca retrocederían. Eran negros y
su uniforme también de color
negro.
Consecuencias de la Batalla de Las Navas de Tolosa
Era el 2 de febrero de 1492 el proyecto de la
Reconquista había concluido
pero el empuje social y militar logrado se prolongó durante muchos
años más en un
nuevo proyecto:
El Descubrimiento del
Nuevo Mundo.
Crónicas Contemporáneas de la Batalla de Las Navas de Tolosa
Testimonio de don Rodrigo Jiménez de Rada (Arzobispo de Toledo), en Historia de los Hechos de España
Alrededor de la medianoche del día siguiente estalló el grito de júbilo y de la confesión en las tiendas cristianas, y la voz del pregonero ordenó que todos se aprestaran para el combate del Señor. Y así, celebrados los misterios de la Pasión del Señor, hecha confesión, recibidos los sacramentos, y tomadas las armas, salieron a la batalla campal; y desplegadas las líneas tal como se había convencido con antelación, entre los príncipes castellanos Diego López con los suyos mandó la vanguardia; el conde Gonzalo Núñez de Lara con los frailes del Temple, del Hospital, de Uclés y de Calatrava, el núcleo central; su flanco, lo mandó Rodrigo Díaz de los Cameros y su hermano Álvaro Díaz y Juan González y otros nobles con ellos; en la retaguardia, el noble rey Alfonso y junto a él, el arzobispo Rodrigo de Toledo y los otros obispos mencionados.
De entre
los barones,
Gonzalo Ruiz y sus hermanos,
Rodrigo Pérez de Villalobos, Suero Téllez, Fernando
García y otros. En cada una de
estas columnas se hallaban las milicias de las
ciudades, tal y
como se había dispuesto. Por
su parte el valeroso
rey Pedro de
Aragón, desplegó
su ejército en otras tantas
líneas;
García Romero mandó
la vanguardia; la segunda línea, Jimeno
Coronel y Aznar
Pardo; en la última, él mismo, con otros nobles de
su reino; y de forma semejante, encomendó
su flancos a otros nobles suyos.
Desplegadas así las
líneas, alzadas las manos al
cielo, puesta la
mirada en
Dios, dispuestos
los corazones al martirio, desplegados
los estandartes de la
fe e invocando el nombre del
Señor, llegaron todos
como un solo
hombre al punto decisivo del combate.
Los primeros en entrar en lid en la
formación de Diego López de Haro, fueron
su hijo y sus sobrinos ya citados, valerosos y decididos. Por
su parte,
los agarenos levantaron en la cima un reducto parecido a un
palenque con
los escriños de las
flechas, dentro del cual estaban apostados infantes escogidos; y allí se sentó
su rey teniendo a
su alcance la
espada, vistiendo la capa negra
que había pertenecido a Abdelmón, el
que dio
origen a
los almohades, y además, con el
libro de Mahoma,
que se llama
Alcorán. /
El Corán /
Por fuera del
palenque había también otras
líneas de infantes, algunos de
los cuales, tanto
los de dentro
como los de fuera, con las piernas atadas entre ellos para
que tuvieran por imposible el recurso de la huida, soportaban con entereza la cercanía de la batalla…, luego supimos por
los agarenos que eran ochenta mil jinetes…
Los agarenos, aguantando casi sin moverse del lugar, comenzaron a rechazar a
los primeros de
los nuestros
que subían por lugares bastante desventajosos para el combate, y en estos choques algunos de nuestros combatientes, agotados por la dificultad de la subida, se demoraron un rato. Entonces, algunos de las columnas centrales de
Castilla y
Aragón llegaron en un solo grupo hasta
la vanguardia, y se produjo allí un gran desconcierto y el desenlace
no se veía claro…
El noble
Alfonso, al darse cuenta de ello y al
observar que algunos, con villana cobardía,
no atendían a la
conveniencia, dijo delante de todos al
arzobispo de Toledo: “Arzobispo, muramos aquí yo y vos”… Y en todo esto doy
fe ante
Dios, el noble
rey no alteró
su rostro ni
su expresión habitual, ni
su compostura, sino
que más bien, tan bravo y resuelto
como un
león impertérrito, estaba decidido a
morir o
vencer. Y
no siendo capaz de soportar por más tiempo el
peligro de las primeras
líneas, apresurado el
paso las enseñas de
los estandartes llegaron jubilosamente hasta el
palenque de
los agarenos por disposición del
Señor.
Testimonio del cronista Ibn Abi Zar
“Al oír
Alfonso que Al-Nasir había tomado a Salvatierra, se dirigió contra El con todos
los reyes cristianos que le acompañaban y con sus ejércitos. Al saberlo Al-Nasir, le salió al encuentro con las tropas musulmanas: avistáronse
los combatientes en el
sitio llamado Hisn al’Iqab, (
Castillo de la Cuesta, hoy
Castro Ferral); allí se dio la
batalla.
Se plantó la tienda roja, dispuesta para el combate en la cumbre de una colina, Al-Nasir
vino a ocuparla y se sentó sobre
su escudo con el
caballo al lado;
los negros rodearon la tienda por todas partes con
armas y pertrechos. La
zaga, con las banderas y tambores, se puso delante de la
guardia negra con el visir
Abu Said ben Djami. Se dirigió contra ellos el ejército
cristiano. En filas,
como nubes de langostas;
los voluntarios les salieron al encuentro y cargaron sobre ellos en número de 160.000,
pero desaparecieron entre las filas de
los cristianos, quienes
los cubrieron y combatieron terriblemente.
Los musulmanes resistieron heroicos, todos
los voluntarios murieron
mártires, sin
dejar uno; las tropas almohades,
árabes y andaluzas
los miraban sin moverse. Cuando
los cristianos acabaron con
los voluntarios, cargaron sobre
los almohades y sobre
los árabes con inaudito empuje; mas al entablarse el combate huyeron
los caídes andaluces con sus tropas por el odio
que había dirigido Ibn Djimi al despedirlos.
Cuando
los almohades,
los árabes y las cábilas bereberes vieron
que los voluntarios habían sido exterminados,
que los andaluces huían,
que el combate arreciaba contra
los que quedaban, y
que cada vez
los cristianos eran más numerosos, se desbandaron y abandonaron a Al-Nasir.
Los infieles
los persiguieron
espada en
mano, hasta
llegar al círculo de negros y guardias
que rodeaban a Al-Nasir;
pero los encontraron
que formaban
como un sólido
muro, y
no pudieron abrir brecha; entonces volvieron las grupas de sus caballos acorazados contra las lanzas de
los negros, dirigidas contra ellos, y entraron en sus filas.
Al-Nasir seguía sentado sobre
su escudo, delante de
su tienda, y decía “Dios dijo la verdad y
el demonio mintió“, sin moverse de
su sitio, hasta
que llegaron
los cristianos junto a él. Murieron a
su alrededor más de 10.000 de
los que formaban
su guardia; un
árabe entonces, montado en una
yegua, llegose a él y le dijo: “Hasta cuándo vas a seguir sentado?, ¡Oh,
Príncipe de
los Creyentes!, se
ha realizado el juicio de
Dios, se
ha cumplido
su voluntad y han perecido
los musulmanes.” Entonces se levantó para montar el veloz corcel
que tenía al lado;
pero el
árabe, descabalgando de
su yegua le dijo:
“Monta en esta
que es de pura sangra y
no sufre ignominia, quizás
Dios te salve con ella, porque en tu salvación está nuestro bien.” Montó Al-Nasir en la
yegua, y el
árabe en
su caballo le precedía, rodeados ambos por un fuerte destacamento de negros, a cuyos alcances iban
los cristianos. El degüello de
musulmanes duró hasta la noche, y las espadas de
los infieles se cebaron en ellos y
los exterminaron completamente, tanto
que no se saló uno de mil.
Los heraldos de
Alfonso gritaban: “Matad y
no apresad, el
que traiga un
prisionero será
muerto con él”. Así
que no hizo
el enemigo un solo
cautivo este día.
Fue esta terrible calamidad el
lunes 15 de safar del 609 (16 de
julio de
1212), comenzó a decaer el poder de
los musulmanes en al-Ándalus, desde esta
derrota, y
no alcanzaron ya victorias sus banderas; el enemigo se extendió por ella y se apoderó de sus
castillos y de la mayoría de sus
tierras, y aún
no hubiera llegado a conquistarla
toda, si
Dios no le hubiese concedido el socorro del
emir de
los musulmanes Abu Yusuf ben Abd al-Haqq,
que restauró sus ruinas, reedificó sus alminares y devastó en sus expediciones el país de
los infieles.
De vuelta de Hisn al-Iqab fue
Alfonso contra la
ciudad de Úbeda, y la ganó a
los musulmanes por asalto, matando a sus habitantes,
grandes y pequeños, y así siguió conquistando al-Ándalus,
ciudad tras
ciudad, hasta apoderarse de todas las capitales,
no quedando en manos de
los musulmanes sino muy poco poder. Sólo le impidió apoderarse de este resto de
botín la protección divina por
medio de la dinastía de
los benimerines. Dícese
que todos
los reyes cristianos que asistieron a la
batalla de Hisn al-Iqab, y
que entraron en Úbeda,
no hubo uno
que no muriese aquel año.”
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